lunes, 2 de mayo de 2011

Yo también fui mala


Pablo era flaquito, rubio, muy rubio, sonreía, titubeaba, pestañeaba mucho.
Era tímido, a veces hacía chistes malos, en el aula casi nadie se reía. Más bien lo admiraban / envidiaban, según de quién se tratara.

Pablo era el nene más inteligente del mundo, en la primaria de la Normal en los años ochenta.
Del mundo.

Entendía todo, nos explicaba al resto de los chicos todo, le salía tan fácil, esos problemas de Matemática eran para mí inabordables (especialmente uno, en sexto grado, que nos dio la señorita Gloria, él y Victoria fueron los únicos en develarlo).
Además humilde, buen compañero, buen tipo.
Y tenía una familia que lo adoraba, su mamá lloró a mares cuando fue nuestra primera comunión. En la Basílica. No, el nombre del cura de entonces no me acuerdo, está bien que soy Mrs Memoria pero tampoco la pavada.

Pablo gustó de mí toda la primaria o al menos eso me hizo saber. En primer grado y segundo también me gustó él a mí. Ya desde entonces me seducían tremendamente los tipos inteligentes (está bien, no saquen conclusiones, la inteligencia no asegura nada bueno de un hombre o la relación que se pueda tener con él. Ya lo sé, ya lo sé).
La cosa es que este nene tan rubio y sonriente y a veces espantosamente burlado en el aula, me hizo llegar su amor de todas las formas que pudo.
En primer grado (sí, de eso me acuerdo) se acercaba a mi banco y antes del salir al recreo, me contaba que hacía “karate” y cómo pegaba y todo eso, queriendo impresionarme. Yo no entendía una palabra de lo que me decía, ni siquiera sabía qué era el “karate” más allá de la palabra “carácter” mal pronunciada (recuerdo haber pensado que se trataba de eso).

Hizo que me enterara de su amor durante siete años insistentemente, no paraba. Con cartitas, con sonrisas y una vez con su declaración franca y directa, el día de la primavera en séptimo: “¿te querés arreglar conmigo?”.

Ay.

Evidentemente quise borrar de mi memoria lo mala que fui. Cuánto maltraté a este gentil muchacho, las caras de culo, las palabras odiosas que me niego a reproducir aquí y que recuerdo perfectamente haberle proferido, para mal de la máquina de generarse culpa que anida en el interior de mi laberíntica cabeza.
Digámoslo.
Pablo se merecía mucho más que esa nena medio aturdida, flaca, pelilarga, amante de las letras (desde entonces) y con él mala, mala. ¡Yo, que siempre me jacté de ser buena gente! 
 Qué-mala-fui-con-Pablo.

Ahora las redes sociales nos reencuentran, estamos grandes, nos pasó de todo en la vida, nos contamos sobre esas cosas, miramos las fotos de nuestros hijos, nos acordamos de la infancia, nos reímos sin vernos y yo también lloro un poquito, como siempre.

Y aparece en mí un sentimiento que si me lo contaban, no lo creía. Por dios, que la sensación de arrepentimiento me está volviendo loca inesperadamente.

La vida lo hizo ganar. Esa inteligencia está bien aplicada, su laburo de investigador lo confirma. Y su corazón de buen tipo también, su hermosa mujer y su hijito tienen a un hombre que estoy segura, vale mucho más que la pena.

Ahora si me permiten, una última cosita, nada más.
Pablo… ¿me perdonás?

12 comentarios:

  1. jeje,eso dice, eso dice,(nostalgiazo y culpa)abrazo gabi!

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  2. Me quedé intrigado por dos cosas: por el 'también' del título y por si él todavía se acordaba de aquel maltrato de N años atrás.
    Hace unos años, una mina me hizo dar cuenta de que yo tenía capacidad para odiar(la). Me jodió darme cuenta de eso, de no creer que uno puede albergar ese tipo de sentimientos. Para mí, yo era el Dalai Lama.
    Para despedirme: conozco bocha de investigadores. Se ve que Pablo está del lado de la luz.
    Saludos!

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  3. Anecdos! digamos que, al igual que otra gente, yo "también" fui mala aunque reniegue de ello, y el sr Pablo recuerda perfectamente el maltrato y su persecución amorosa, y me perdonó!! si, sin ninguna duda está del lado de la luz, gracias por leer!

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  4. ayyyyyyy quién será ese pablito rubio? estoy estrujando mi cerebro para ver si lo descubro! Sé quién es Gloria, sé quién es Victoria, pero Pablito... (perdón, es la uruguayenseñez, que no se pierde con los años y la nostalgia, que con los años empeora)

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  5. Ja! después te cuento, después te cuento! no seas chusma, Natacha! Gracias por leer! un beso!

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  6. Obviamente, con mi habitual mirada pesimista, debo anoticiarte de que el perdón a estas alturas es algo impensable. Podrá ser diplomático y reirse del recuerdo, pero ese horror vivido en la infancia está metido bajo la piel y es parte del pobrecito Pablo. Mujeres malvadas alimentan las pesadillas de los hombres buenos. O algo así.
    Igual, vale el arrepentimiento sentido...je. Salú!

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  7. jejeje, me hinchó demasiado pobre gurí, y bue... su diplomacia me deja más tranquila. como tu diplomacia en el final del comentario, ja! abrazo!

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  8. Mirá. No tanta culpa, que quizás no sea tan bueno, eh! Igual comprendo perfectamente esos arrebatos de culpa. Yo tenía uno en la primaria que se llamaba Noya, con las características de tu Pablo. Después de todo ellos se prestaban al juego, no? Yo ahora, de grande, desconfío un poco de los que en la primaria eran taaaan buenitos.
    (PUDE, PUDE, PUDE DEJARTE UN COMENTARIO, PUDE!!!!!)
    Abrazo

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  9. Grande Vivi!! grande por ayudarme con el temita de la culpa (ja!), grande por haber tenido a tu Pablo y grande por dejar el comentario!! Abrazo para vos

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  10. Qué decirte? Solo me viene a la cabeza un verso de Becquer que intentaré reproducir (capaz cambio alguna cosa, lo estoy poniendo de memoria): "....si mañana, rodando, ese veneno, envenena a su vez, a qué culparme? Puedo dar más de lo que a mí me dieron?". Todos fuimos muy malos con alguien y seguro, seguro alguno fue muy malo con nosotros. Lo que vale es poder saberlo y como hacés vos, confesar ese arrepentimiento con valentia. Muy bien, linda!!

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  11. Gracias Andy! (qué grosa, Becquer de memoria!)

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