domingo, 11 de diciembre de 2011

LUNES: 39*



A Marta y Enrique




 Susana estudia psicología en la Universidad de La Plata, corre 1971. Es alta, hermosa, tiene unos ojos profundos verde mar, el pelo cortito (esto es lo último en Europa, te va a quedar divino le dijo el peluquero) y una boca amplia y roja.
Viene de una familia de trabajo en la que faltaron varias cosas. Tiene unos hermanos a los que quiere como hijos, la diferencia de edad y otras cosas de la vida justificaron su crianza.
Alicia, su amiga de la facultad, la invita a pasear a una provincia rodeada de ríos y árboles y pájaros, el pueblo de donde es su novio. Todavía faltan un par de años para el miedo y el exilio. 
Enseguida se juntan con amigos del lugar.

Augusto se acaba de recibir de abogado. De familia culta, acomodada y católica, le sobran inquietudes y deseos. Para irse del acomodamiento y del catolicismo.
Es flaquísimo, usa unos enormes anteojos con marco de moda y canta, si no como los dioses, parecido. Tiene mucha vida social y empieza a enterarse de qué se trata bancarse solo y trabajar.
Recién sale de un noviazgo tormentoso y alocado. No quiere saber nada más con minas desquiciadas.

Son las tres de la tarde y Susana y Alicia llegan al pueblo del agua marrón.
Bajo los árboles, los desconocidos se miran, los amigos ríen a los gritos, tocan la guitarra y todos están contentos.
El pecho le tiembla, Susana no salió muchas veces de su casa y menos a otra provincia y menos con una amiga. La gente habla con tonada graciosa, ríe con escándalo y no se cansa de cantar. La sensación de bicho raro es una constante, es cierto que le miran mucho los ojos, el pelo cortísimo, las piernas delgadas, la cintura insinuante y la bikini tejida al crochet.
Por suerte le sobra boca para sonreír.
El río está planchado, no es como lo imaginaba, no corre peligrosamente, no se lleva a los desprevenidos, no hay pirañas. Descansa bajo el enero que asfixia. Los pájaros se hacen oír a la tardecita, a la hora en que se encienden los espirales de la guerra contra los mosquitos.
Augusto despliega sus dotes de humor y sus canciones, tiene un aire de líder dentro del grupo de hermanos y amigos. Es involuntario, la simpatía le fluye entre los dientes, la mirada expresiva, los comentarios agudos y los tonos exagerados al hablar.
Las miradas se pegan entre sí, imposible disimular.

La voz de la zamba y los ojos del agua: no hace falta demasiado para que el encanto se anude al vértigo.

Tirarse al precipicio del deseo, las distancias concretas y las otras, los proyectos, las ganas, el apuro, la brutal inconsciencia de las decisiones.
No hace falta demasiado para que el encanto se anude al vértigo.

Quizás todo se resuma en desafiar los kilómetros, las diferencias, los obstáculos visibles e invisibles, los que se enunciaron y los que nunca se dirán. Quizás todo indique que sobran los motivos reales y los argumentos aceitados para desistir.
Pero no.
Porque vamos, lo importante está en otro lado.



 *Este es el último post en este blog. "O qué" se muda a partir de hoy a  www.lasletrasoque.wordpress.com , nos vemos ahí.

5 comentarios:

  1. Pero
    ¡No cerrarás este blog ya!
    Me falta una eternidad
    y en el nuevo,
    más bonito,
    más blanco,
    más moderno,
    mas no encuentro
    aquel índice de las entradas viejas
    que leo de vez en cuando.
    Esas letras.
    Sí lo cierras dímelo corriendo
    para copiarlas todas
    y leerlas con tiento,
    como a deshoras.

    ¿Qué haces?
    Con la boca pequeña,
    como que son mías en esos momentos...

    - Leo.

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  2. Lisardo! en el nuevo blog está TODO lo aquí publicado y comentado! nada se ha perdido, sólo mudado...

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  3. En "O Qué" tengo un índice que persigo con afán
    para leer tus palabras cuando el tiempo se relaja
    encerrado yo en la caverna enemiga de la prisa,
    Disculpa mi torpeza pero allí no encuentro esa lista.
    Buscando entradas antiguas el tiempo se me escapa
    en llegar hasta las primeras entradas.
    Seguiré leyéndote aquí en tus letras viejas
    mientras ya estoy suscrito allí a las nuevas.

    Perdona por no haberte leído,
    es que no me había suscrito a este comentario.

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  4. Ya he encontrado el Salvavidas
    y lo he almacenado para llegar a él rápido.
    Lo leeré y guardaré donde me quede otra vez.
    Ahora te perseguiré allí también en las entradas viejas.
    Discúlpame por esas letras de encima
    que ahora se quedarán aquí. Aquí se harán viejas,
    viejas palabras que llegarán a ser pasado anciano.
    Se quedarán con estas.

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