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domingo, 11 de diciembre de 2011

LUNES: 39*



A Marta y Enrique




 Susana estudia psicología en la Universidad de La Plata, corre 1971. Es alta, hermosa, tiene unos ojos profundos verde mar, el pelo cortito (esto es lo último en Europa, te va a quedar divino le dijo el peluquero) y una boca amplia y roja.
Viene de una familia de trabajo en la que faltaron varias cosas. Tiene unos hermanos a los que quiere como hijos, la diferencia de edad y otras cosas de la vida justificaron su crianza.
Alicia, su amiga de la facultad, la invita a pasear a una provincia rodeada de ríos y árboles y pájaros, el pueblo de donde es su novio. Todavía faltan un par de años para el miedo y el exilio. 
Enseguida se juntan con amigos del lugar.

Augusto se acaba de recibir de abogado. De familia culta, acomodada y católica, le sobran inquietudes y deseos. Para irse del acomodamiento y del catolicismo.
Es flaquísimo, usa unos enormes anteojos con marco de moda y canta, si no como los dioses, parecido. Tiene mucha vida social y empieza a enterarse de qué se trata bancarse solo y trabajar.
Recién sale de un noviazgo tormentoso y alocado. No quiere saber nada más con minas desquiciadas.

Son las tres de la tarde y Susana y Alicia llegan al pueblo del agua marrón.
Bajo los árboles, los desconocidos se miran, los amigos ríen a los gritos, tocan la guitarra y todos están contentos.
El pecho le tiembla, Susana no salió muchas veces de su casa y menos a otra provincia y menos con una amiga. La gente habla con tonada graciosa, ríe con escándalo y no se cansa de cantar. La sensación de bicho raro es una constante, es cierto que le miran mucho los ojos, el pelo cortísimo, las piernas delgadas, la cintura insinuante y la bikini tejida al crochet.
Por suerte le sobra boca para sonreír.
El río está planchado, no es como lo imaginaba, no corre peligrosamente, no se lleva a los desprevenidos, no hay pirañas. Descansa bajo el enero que asfixia. Los pájaros se hacen oír a la tardecita, a la hora en que se encienden los espirales de la guerra contra los mosquitos.
Augusto despliega sus dotes de humor y sus canciones, tiene un aire de líder dentro del grupo de hermanos y amigos. Es involuntario, la simpatía le fluye entre los dientes, la mirada expresiva, los comentarios agudos y los tonos exagerados al hablar.
Las miradas se pegan entre sí, imposible disimular.

La voz de la zamba y los ojos del agua: no hace falta demasiado para que el encanto se anude al vértigo.

Tirarse al precipicio del deseo, las distancias concretas y las otras, los proyectos, las ganas, el apuro, la brutal inconsciencia de las decisiones.
No hace falta demasiado para que el encanto se anude al vértigo.

Quizás todo se resuma en desafiar los kilómetros, las diferencias, los obstáculos visibles e invisibles, los que se enunciaron y los que nunca se dirán. Quizás todo indique que sobran los motivos reales y los argumentos aceitados para desistir.
Pero no.
Porque vamos, lo importante está en otro lado.



 *Este es el último post en este blog. "O qué" se muda a partir de hoy a  www.lasletrasoque.wordpress.com , nos vemos ahí.

domingo, 4 de diciembre de 2011

LUNES: Cumpleaños, de Pablo Roset*



Marina regresó a la sala de estar con una botella de whisky, algunos cubos de hielo y unas perlitas que sus ojos pronto reabsorberían. Si la conocía un poco, podía asegurar que estaba feliz de agasajar a sus amigos. En un extremo de la mesa, Marga y Miguelito sostenían una discusión acalorada que los mantenía al margen del grupo. Fue Dolly quien, entonces, saltó de su silla para llamar la atención. Como siempre.
- “¡Ah, miren esto, la que nunca tomaba alcohol… se ve que encontraste tu medida!”
Había sido un comentario anclado en aquel pasado que nos reunía. Percibí que Marina lo había recibido con una expresión alegre en sus ojos (que ya habían secado). Sin embargo sus labios, pintados con delicadeza, permanecieron tiesos. ¿La inercia del silencio? Tal vez. O quizás la falta de una respuesta adecuada. Por fortuna era capaz de sonreir con sólo entrecerrar sus párpados. Estaba ansioso por escuchar cómo se defendería. En ciertas ocasiones, pinchazos como el de Dolly servían para activar relaciones enmohecidas por el desuso. Me hundí en el sillón para disfrutar de lo que de un momento a otro sucedería.
- “Es que el tiempo me ha enseñado muchas de las cosas buenas de la vida.”
¡Excelente!, pensé. Un toque de seriedad aderezado con buen humor. Dolly lo recibió tal como en esgrima se acepta un touché, con honor y resignación, y volvió a acomodarse en la silla. Veinte años atrás habrían saltado chispas. Yo mismo, confieso, hubiera sido más duro con ella. Habría puesto en evidencia sus nuevas medidas XL.
La música se estaba perdiendo en un fade out que arrastraba a Marga y Miguelito a callar sus diferencias. Habían congeniado muy bien. Esta clase de reuniones (“con un paisano de cada pueblo” habría acotado nuestra querida Maru) siempre estaban al borde del fracaso o del éxito. Los dos intelectuales no habían demorado nada en dejar al resto afuera de los temas que (ellos pensaban) nadie iba a entender.
- “¿Por qué no brindamos por algo?”, dijo Marga para rellenar el silencio. Había bajado del Parnaso a una tierra yerma en la que se movía torpemente. ¿Qué esperaría de la reunión?
- “Sí, pero que antes Marina diga unas palabras. Solía hacerlo muy bien.” La idea surgió de Miguelito. Marina, sorprendida, resopló un aire de falsa consternación. Era el pie que necesitaba. Más tarde, esa misma noche, entre las risas opacadas por el alcohol, Marina se dio cuenta que Miguelito había sido espontáneo y sincero.
- “Justamente. No lo sugerí para que no termináramos todos abrazados en un llanto a moco tendido.” Dolly era así. Siempre se mostraba un paso más allá. Si alguien tenía una idea, ella la había pensado antes. Si alguien gritaba, ella daba alaridos. Si alguna llevaba minifalda, ella iba desnuda.
A todo esto, Miguelito era un espectador de lujo. Si bien nunca tomaría la iniciativa de hablar en público, era capaz de escribir el discurso más emotivo y certero para cualquier ocasión. El silencio lo había cohibido, pero cuando Marina se incorporó para hablar volvió a experimentar seguridad, a meterse en una burbuja impermeable que lo eximía de compromisos.
- “Quiero que todos miren hacia allá, al sillón del rincón. No es casualidad que haya estado vacío toda la fiesta. Está ahí para simbolizar a aquellos amigos y relaciones que quedaron al costado del camino. Cada uno de nosotros le pondrá el ocupante y el nombre que desee. ¡Brindo por nosotros y también por ellos, porque fueron, y aún son, el alma de nuestras alegrías pasadas… al igual que ustedes lo son hoy para mí.”
Luego sobrevino un bache, un silencio de radio, un fondo cargado de pensamientos. Afuera, la noche proponía escarcha y algún bocinazo en la esquina. Un grupo de chicos y chicas cruzaron abrazados frente a nuestra puerta. Sin saberlo, ellos también marchaban hacia algún sofá.
Con los brazos extendidos entrechocaron los vasos y regresaron las palabras. Me hubiera gustado participar. La ví buscarme en el sillón durante unos segundos. Sus ojos, otra vez afectados, sostenían ese aleteo de colibrí que yo tan bien conocía. Al bucear en ellos supe a quién había sentado en el sillón. Luego quebró la mística y volvió a la torta y la velita. Marga y Dolly no disfrutaron la situación. Quizás habrían preferido sentarse ellas mismas en el sillón para poder lucir ante los demás como en otros tiempos.
La fiesta siguió su curso. Billy Holiday arrancó con su versión de Summertime y luego llegaron Ray Charles con Georgia On My Mind y Ella Fitzgerald con It Ain’t Necessarily So. Ellos también estaban invitados al cumpleaños que empezaba a terminar.
Era tarde. Miguelito se retiró después del café. Saludó a todos en general y a casi nadie le importó demasiado su partida, excepto a Marga. Al devolverle el saludo percibí en su rostro una luz particular. Diez minutos más tarde, Marga y Dolly salieron juntas y, por suerte, se llevaron a todos los fantasmas que me aplastaban en el sillón esquinero.
Marina terminó de lavar los platos y utensilios. Estaba feliz. Su imaginación me guió a su lado. Guardaba un cariño profundo por todos sus recuerdos. Hubiera querido darme una palmada cariñosa en el hombro y preguntarme cómo estaba. Lo sé. Alguna vez me había extrañado. Pero ahora estaba más tranquila. Cerró la canilla. Luego, en su cuarto, desparramó su cansancio feroz por toda la extensión de su cama. Segundos después, en el pesado sopor que le cerraba los párpados comencé a desvanecerme. Y así, mientras ella se dormía con una sonrisa en sus labios, abandoné la casa para volver al arcón de los recuerdos.


*Pablo A. Roset, escritor, psicofanguista. Algunos de sus cuentos han sido premiados e integran diversas antologías. Otros han sido publicados en revistas tradicionales en papel y digitales. Desde 2008 publica sus textos en su blog Proyecto Anecdotario http://anecdos.wordpress.com/.

domingo, 27 de noviembre de 2011

LUNES: Amantes


Qué malos amantes somos dijo, mientras nos sonábamos los mocos de llorar un rato largo. Veinte minutos después de matarnos en la cama.
Qué malos amantes dije, y nos abrazamos hasta la noche.
Sus ojos rojos y mi boca descascarada.
Hacía frío y no nos despedíamos.
La tristeza no pudo.
Y nos quisimos toda la noche, como en las películas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

AVISO: FIESTA Y PSICOFANGO VOLUMEN II




Este domingo 27 de noviembre presentamos la segunda edición de Psicofango!

En La Cuadrada, 9 de julio 2737, Mar del Plata, a las 21 hs, con un bono contribución de 5 pesos.

En una Fiesta Literaria con lecturas, música a cargo de Marcos Basso y Expo de fotografía callejera por Bárbara Gasalla

Los esperamos!





Edita Psicofango La Pequeña Editorial --> https://www.facebook.com/lapequeniaeditorial          .



jueves, 17 de noviembre de 2011

Nombre


Me gusta tu nombre,
desde el primer sonido que desprende
la vocal y se alarga,
con la boca abierta tira la voz
de quien lo pronuncie
sobre todo con intención de llamado
o de consideración
sin mirarte a los ojos

que estarán en otro lado
justo al momento de convocarlos.

Me gusta cuando en el medio
las letras se transforman
en vocales inasibles,
se escapan bajo la lengua
y salpican al paladar,
excelente para el eco
que la letra del medio expele
cuando se te nombra
con voz de dormida,
de haber soñado toda la noche
con objetos extravagantes
y fuera de lógica.

Cómo se transmuta en una sílaba,
un hueco entre los cimientos
más o menos estables
que las consonantes le dan
a la arquitectura pretenciosa
de tu nombre,

me hace pensar en
una casa de una planta
con dos puertas,
una biblioteca de tus ojos
y la música en los dedos.

Me gusta cuando se acaba
con final sencillo y preciso,
que no deja lugar a dudas,
que no permite vacilar,
que asienta la letra
que antes sirvió para ralentar
ahora afirmada en un punto
con aire y con lengua
suficiente como para quedarse
con su sabor
durante algunas horas,

antes de aceptar
definitivamente
que terminó de pronunciarse
y que habrá que esperar
hasta otro día
para tenerlo de nuevo.


domingo, 13 de noviembre de 2011

LUNES: Humo*


Apaga el cigarrillo en el momento en el que prende el siguiente. Pálido, no está comiendo bien y se nota en la cara y en los huesos que quieren asomar desmedidos. Tampoco duerme demasiado. Le gusta lo oscuro, pero esto se le está poniendo negro azabache. Ella se hizo humo justo cuando más la necesitaba, y últimamente había reparado en eso: la necesitaba.
A veces para no morirse, a veces para tener el mejor sexo que podía esperar en esos tiempos, a veces para leerla, para hablarle, otras para que le hiciera una pizza casera.
Lo cierto es que su falta no le hacía la más mínima gracia, y en el medio de eso, las otras faltas se magnificaban y entonces se comían todo, lo que había, lo que no había, lo que podría haber. Ahuecado de faltas, sólo restaba intoxicarse. Así se mentía un rato más, hasta que el agujero y la falta le crecían de nuevo y se iba todo al carajo.
Ahora se hunde en los libros y deja que las palabras lo atormenten, total no podría estar más atormentado de lo que está. Solamente ese oasis y el de escribir le dan un margen de aire. Que pronto sofoca con el próximo cigarrillo. Y el rostro de la mujer de humo otra vez.
Mientras el círculo recomienza a cada rato, hay otra que lo mira y él aún no la vio. La vio, pero no la vio. Salió de la nada, como las cosas que no importan, y no se sabe qué pero algo vio en él. Mientras apaga otro cigarrillo, ella mira curiosa sus gestos, sabe que su mirada lo ataca y no le importa quedar al descubierto. Porque ella sí que se las arregla con las faltas, algo hace, lo que sea pero algo hace. Y ahora lo que hace es mirarlo. Le dice ¿qué onda?  vestida de informalidad y bañada en deseo. Y él, no la ve.
Porque en su cabeza el hueco es enorme y el alma viene agitada y renegona de hace tiempo. Y ella insiste un poco, porque sabe lo que quiere y lo que quiere es a él, y además tiene que hacer algo con su propia falta. Y pide otra cerveza y lo mira servir, esas manos huesudas y blancas y ese descuido notorio en el aspecto que deja en evidencia el mal sueño y la bronca hacia adentro. Ella sospecha que una mujer se le fue, pero como a ella también se le fue un hombre, poco repara en el detalle.
Se encontraron dos faltantes. A unir las faltas a ver qué sale, y se ríe. Porque al humor no lo pierde. A él le parece tan rara esta mujer que sonríe tanto y mueve sus labios como si fueran oleajes y lo mira como si no le fuera a quedar otra mirada en la vida.
Lo incomoda y le gusta a la vez, pero aún no la vio. Y como él la deja pasar, le habla pero no la ve, y el humo se le cuela hasta por las orejas, ella se rinde.
Y él, que nunca la tuvo, la pierde.


* premiado en el Concurso Municipal de Literatura Osvaldo Soriano, Mar del Plata, 2011.

domingo, 30 de octubre de 2011

LUNES: antipoesía


"Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.” Gonzalo Rojas.          


las metáforas no me sirven
para nada

las cosas caminan por su cauce
todo es concreto, real y cínico

el colectivo
la panadería
las bolsas del super
el teléfono y la obra social
temprano a trabajar
pido un taxi
miro la tele
puteo
cocino lavo duermo lloro espero
toco canto sueño caigo veo

calle noticiero gobierno
política internacional
ibuprofeno reliverán
seis y media de la mañana
autovía dos
ruta catorce
seis grados, dos de térmica

todas las cosas tienen
un lugar
que alguien determinó por mí
o que existen por sí mismas

no hay poesía en ningún lado,
tras las palabras la magia
se muere
cada vez que miro al costado

o para abajo, los pies
con las medias desparejas
desentendida
del mundo,
que clara y definitoriamente
se arroga
un vacío para mí.


martes, 25 de octubre de 2011

El océano


Breve comentario acerca del concierto del coro de cámara Vox Ensamble en el oratorio del Asilo Unzué, el 22 de octubre de 2011, en la ciudad de Mar del Plata.


El Oratorio del Asilo Unzué es un lugar que empalaga por su estilo rococó y por la mística que entrama lo sacro con el exceso de adornos y pintura dorada. Hacía tanto que no entraba a una iglesia. Y que no me sentaba en esos bancos de madera duros e incómodos. Y que no iba a un concierto de coro de cámara. Y de música culta.
Se sabe que la acústica de esos sitios es ideal para las resonancias corales, que se propagan con pequeños ecos y la música se amplifica. Ese solo detalle acerca del tipo de sonido que se produce, le confiere un carácter particular al asunto. Uno se siente envuelto por las voces, o siente que las voces se elevan, o que vuelven a descender en una especie de onda gigante que engrosa la atmósfera. O también que las imágenes, los cristos y las vírgenes mueven la boca, los ojos, el pecho al respirar, transpiran, tiemblan sus manos, por el sólo hecho de que las melodías y los acordes les dan vida, resucitan a cualquiera, son una suerte de savia o sangre vivificadoras.
Se puede realizar una prueba sencilla y efectiva: una película de terror vista sin sonido no produce para nada el efecto de miedo que provoca cuando se la ve con los sonidos y las armonías que la acompañan -a esta altura, diríamos que no acompañan a la película sino que son parte de ella-. Todo esto para afirmar que la música es algo que está escencialmente vivo y que hace vivir. Y que un coro de cámara, por ejemplo, que suena bajo la cúpula y frente a las columnas y las paredes extrañas de un recinto como éste, es por unos minutos, magia pura.
A quien no pasó por la experiencia de escuchar un concierto en una iglesia, se lo recomiendo fervorosamente.

En Vox Ensamble son catorce cantantes, coreutas para ser más específica. En el concierto al que asistí, la afinación oscilaba entre muy buena y exacta (elemento fundante de una experiencia que sea agradable a los oídos). La afinación lograda y los finales precisos, de frases o de la obra misma, equivalen a un gol de media cancha (algunos años como coreuta y buenos directores le enseñan a uno que hay pequeñas cosas que delimitan una base sobre la que se asienta lo que después será más o menos digno de oír).
                Además, la paridad de las voces se ajustaba cómodamente, sin vozarrones masculinos o chillidos femeninos (léase: bajos, tenores y sopranos) que cortaran el juego de las melodías, que pelearan a los codazos por sobresalir. Por momentos, el ensamble era casi perfecto.
Al oír la interpretación de varios madrigales, uno podía imaginar el entramado de las voces como una unidad que camina, como un personaje que avanzara por la calle con los árboles enganchados en sus brazos y la casa sobre la cabeza y los perros en cada pie y los pájaros en las orejas. El madrigal me suena a seres que se mueven hacia adelante con otros seres articulados, nadie se pisa, los pasos se desplazan sin molestarse pero en interrelación con los otros.
El director: un espectáculo en sí mismo. Simpático, canchero y afín al público, no se reservó chistes y caras graciosas antes, durante y después del concierto. Los que pasamos por coros sabemos que los directores suelen ser señores muy exigentes, malhumorados y nerviosos (no hablo de “las directoras”, tema para otro post), sobre todo si tienen certero afán por la excelencia. Sin embargo, Luciano Garay logró dirigir un coro de cámara con muy buena calidad musical, gesto distendido e incluso divertido.
Lo normal en un coro de cierto nivel es una atención permanente y afilada de los coreutas hacia el director, una mirada que no se corre de sus manos y gestos, o a lo sumo va desde él hacia a las partituras, en vaivén. Vox Ensamble mostraba esa atención extrema, y al terminar cada obra el director gesticulaba un “Bravo!” hacia sus cantantes. Evidentemente, todos estaban  a gusto.

El Oratorio del Unzué no deja de parecerme un lugar raro, repleto de historias tristes de jóvenes internadas, y es fácil imaginar que reinaba no menos que alguna oscuridad por esos días.
Pero la música convierte a las cosas en otras cosas, las transforma y las mueve.
Vox Ensamble transformó el lugar en una bocanada de belleza. Y no puedo más que recomendar que lo escuchen cada vez que quieran sumergirse en un océano del que, estoy  segura, estarán felices de no salir con vida.



domingo, 16 de octubre de 2011

EL POST DE LOS LUNES: antiduelo*


siempre lo supe,

el tiempo y el dolor
se alargan como las canciones
que vuelvo a escuchar

la voz que dejaste
en la mitad de la lengua
y la otra
se murió cuando no estabas

atragantarse con palabras
marearse,
callate
no puedo pensar con tanta cosa

me lo recuerda
el agujero que quedó en los ojos
cuando te fuiste

tomalos
tragátelos

ni me hace falta mirar,
para qué los quiero

vino el silencio,
eso creímos

mentira,
el silencio nunca llega.



*leído en la presentación del libro Psicofango I, 15/10/2011, Polo Norte, Mar del Plata.


fotografía: objeto de arte de Marta Pardo 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Una cuestión de velocidad


Los amores fugaces no son un problema
siempre y cuando
la velocidad sea precisa.
Ni bien se alargan
como sacudón de terremoto
sin pronosticar
o se adhieren
como la saliva al beso,
algo se desata y muere.

Los amores fugaces que se creen eternos
arrinconan hasta doler
a pesar de las hipótesis mejor argumentadas,
no hay kilómetros o papeles o idiotas
que lo convenzan
de que se retire
sin sangre,

sin que los cortes a la altura del abdomen
dejen ver los órganos
grises y ajenos
boqueando como los peces que se mueren
al respirar por la última vez.

El amor no es fugaz,
es el principio y el final de todo
lo que se niega
a sí mismo,
ruedo al bies,
agua en los dedos,
los olores de la noche.

Contraría la rapidez
con la que las cosas se nos caen,
se pierden o se deshacen,
es un militante de la permanencia.

Los amores fugaces no existen.


domingo, 2 de octubre de 2011

LUNES: Sarcófago


Ser una momia es aburrido                
pero uno se acostumbra.
Uno se acostumbra a todo.

A respirar poco,
mantener los ojos cerrados
aturdirse
marearse
morirse.

Las vendas aprietan la cabeza
y el pecho,
llena de moretones
las desenrosco
a ver qué pasa.

Los insectos 
que me habitan
se entretienen entre ellos,
juegan
como vecinitos el sábado a la tarde
sin vigilancia,
acechan el cajón prohibido
o la puerta sin llave.

Que anden, no más
entre mis piernas.

Nada mejor que un buen sarcófago
para pasar las malas noches.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

anónimo


quedate ahí
no te muevas un centímetro
de donde estás,
no ves que me aprieta
el aire escaso de
septiembre

no corras la lengua
que de lejos
todo se humedece y ya no sé
si la prefiero en la mía
si la prefiero en la nada
si no la prefiero

y que el silencio
de identidad
cabalmente innombrada
nos aplaste los ojos

te descifro,
hay corrientes que circulan
bajo cualquier circunstancia
y la pantalla
espejo que sabe todo
no sabe nada
no sabe nadie
cómo no ahogarse
en el barro de los días cínicos

asomar el cuello
destapar las fosas
hacer que el oxígeno camine
en el cuerpo anónimo
que te anuda
al deseo anónimo
que te ata
al pasaje anónimo
que te trae
hasta mí. 


domingo, 28 de agosto de 2011

LUNES: odio / amor


Distribución de responsabilidades

no soy mala 
ni tan copada
ni atractiva
no soy tan correcta
no soy tan incorrecta
no soy una grossa
no soy tan estúpida
no soy insensible
no soy peleadora
no soy injusta
no siempre soy justa
no soy sexy
no soy zonza
bueno, un poco
no soy todo
para alguien
no soy nada

no soy lo que no quiero ser
no soy lo que quisiera

no soy yo
te juro,
sos vos.


* * *


Cursi

Ah,
si hubiera leído
menos Cenicienta
y más Mafalda,
mi declaración de amor
sería graciosa e inteligente,
breve y perspicaz.

Pero no, ya ves.
Una cursi cualquiera.


jueves, 18 de agosto de 2011

elipsis


(ahí voy)

Se puede escribir un tratado sobre el tema. Se puede revisar bibliografía psiquiátrica/psicológica, tirar descripción de diagnósticos, abundar sobre los detalles acerca de la variaciones del ánimo, o incluso lisa y llanamente, sobre la depresión en todas sus variantes, causas y efectos.

Sus consecuencias sobre la percepción del mundo y de las personas; sus efectos sobre la dificultad o imposibilidad de sostener lazos afectivos. Sobre la dificultad o imposibilidad de recibir satisfacciones de parte del otro, por incapacidad misma de cederlas, de dar algo. Para ser más exactos, por la firme convicción de esa incapacidad.

Se puede ahondar sobre las múltiples formas en que el núcleo melancólico en una persona puede afectar severamente la dosis de creencia necesaria para sobrevivir en el mundo, mínima base de fe (sin connotaciones religiosas en sentido estricto) que permita descansar en un lazo, dormirse una siesta sabiendo que el otro está ahí, o que incluso puede no estarlo transitoriamente pero que algo de su presencia resiste los embates y se mantiene en su lugar. Por el ínfimo hecho de la elección de amor que lo sostiene.

Se puede estudiar sobre las técnicas existentes para movilizar al sujeto de esa enferma posición; incluso alternativas a la medicina tradicional, es decir, otras actividades, métodos o prácticas tendientes a restablecer para ese individuo algún sentido posible de la vida –que, entre nosotros, hay que inventarlo porque no está dado de entrada, excepto que el deseo de nuestros padres que nos hizo nacer como personas esté ahí como un nudo de luz dándonos alguna letra-.

A veces el sentido, en los tristes empedernidos, está anudado a lo que se pierde, irremediable e indefectiblemente: lo que ya no está es, sin ningún tipo de duda ni cuestionamiento, lo más valioso. En cuanto se pierde, resulta retroactivamente sustancial.

Se puede también, desde un lugar irracional y más cercano a la pasión que a la ciencia, pretender ubicarse uno mismo en el lugar de esa luz para el otro. Pretensión, la mayor parte de las veces, completamente vana. En la minoría, funciona con algún porcentaje de logro, en la medida en que el sujeto de la tristeza deje un margen para esa entrada.

El aspecto más irracional: la pretensión de dar algo a quien no quiere/puede recibirlo. Y mucho menos, retribuirlo.

Y también el aspecto más sanador o sucedáneo del alivio: cuando existe ese margen, y se lo toma plenamente por pequeño que sea, se transforma en un hilo finito pero de una intensidad insospechada para los involucrados.

Entonces, el amor más ingrato es el que tiene como objeto a quien no quiere ser amado, no siempre por decisión de la propia voluntad sino por designios –históricos- que lo exceden. Es el amor que gira, en ocasiones en el vacío; en ocasiones en breves oasis que sobreviven a la catástrofe subjetiva, embarrándose con gusto en el mundo de las ilusiones, no menos hermosas por efímeras.

Es el amor posible e imposible, como siempre lo es, más allá de las interesantes patologías en que se construya o la anónima normalidad en que se asiente.

Todo se trata del margen, del breve espacio, de la rendija que se deje existir, puesto que a esta altura, hace rato que uno descree de las absolutas verdades con las que creció. Aceptar la muerte de las grandes cosas nos permite vivir la vida de las breves. Aunque suene a slogan de galletitas, admitamos que la mejor parte de la vida se reduce a esos detalles que frenan a la manos en rebote permanente, que dan un respiro, que se alargan en masajes en los pies, que se degustan en una cerveza, que se saborean en los ojos del otro cuando uno le dio algo y el otro lo disfrutó, que se deslizan en las palabras confirmatorias de los hijos, que se sienten en el sexo con algo más y un después, que se leen en la poesía.

Que no hay tratados que expliquen todo ni ciencia que abarque cabalmente la cuestión.

Que se trata de márgenes y detalles haciendo corte en los agujeros negros.

Que es cosa de cada uno y de cada quien qué quiere, qué puede, qué cede, qué toma, qué atesora, qué aborrece, qué desea.

Que voy viendo dónde me pongo, pero en el fondo sé muy bien dónde estoy parada. Más allá de vos.

Que no estamos parados en el mismo lugar, de ningún modo.

Y que no tengo nada más que decir por hoy.


Obra en cerámica de Marta Pardo http://objetosdeartemartapardo.blogspot.com/

domingo, 29 de mayo de 2011

EL POST DE LOS LUNES: traumdeutung II


Estamos en el comedor, la mesa tendida, mi viejo a mi izquierda, el resto de la familia dando vueltas por ahí, a punto de sentarse. Entra mucha luz por las ventanas, todo se ve bien.

Suena el timbre y yo sé que sos vos, me corro (estoy en la punta de la mesa) y te hago un lugar.

Tenés el pelo distinto, decolorado, rulitos, raro. Te miro y me río un poco de eso.

Te pusiste un jean color crudo y una camisa nueva, te quedan muy bien.

Nos paramos y nos miramos frente a un espejo enorme, me abrazás desde atrás y vemos nuestra imagen reflejada. Quedamos lindos, nos gusta. Es como si nos quisiéramos.

Si no fuera por el despertador.
                                                                                           

domingo, 24 de abril de 2011

EL POST DE LOS LUNES: Breve declaración


¿A quién se le ocurrió que el estoicismo es un valor moral?

¿Cómo alguien puede creer que aguantar, bancar, soportar de modo interminable, irracional y eterno una situación al menos desagradable, es algo genial?

¿Qué les hace suponer que resistir las balas por resistirlas, sin otra motivación que esa, puede ser aconsejable?

¿De dónde sacaron que cerrar los ojos, agachar la cabeza, hacer como que no duele, poner cara de toro campeón, ocultar la lágrima, el nudo, la expresión de odio, callarse la boquita, es algo superior?

¿Por qué nos enseñaron que permanecer de pie, respirando hondo y mirando el techo, mientras nos dan patadas a la cara, es una virtud?

Allá Cristo y su doble mejilla.
Allá los preceptos morales de nuestros abuelos.
Allá ellos, allá ellos.

Acá: nosotros.

viernes, 22 de abril de 2011

la vecina

Ahora sí.

Ahora sí que a mi alrededor
no hay nada.
Y todo, las casas,
la gente, los autos,
todo ese infierno
que arde a mis costados
no me pertenece.

Ahora sí
que la soledad se quedó
como cuando una mala vecina
nos inoportuna,
se instala en nuestra casa,
habla con voz pegajosa
sin parar, no nos escucha,
tose con los pulmones destruidos,
se prepara unos mates
y se dispone a comentarnos
eternamente
las noticias de la sección espectáculos.


Fotografía Sebastiao Salgado, Patagonia.

viernes, 10 de septiembre de 2010

lo justo

Robert G. Griffeth

Si supiera olvidar

ahorraría tantos desatinos

y los destinos se ahorrarían

tantos recovecos.

Si pudiera saber,

cuántos desiertos sin andar

y entonces

cuánta ilusión no se desharía

despilfarrada

y desparpajada

sobre las tumbas de los deseos.

Y si no quisiera

como quiero

ay

cuánto sordo cantar

y cuánto mudez

hecha de paz y quitando

latires.


Tierra sobre mis muertos,

pero ausencia de mis lunas.



Ni modo de hallar lo justo en la balanza.

o qué

Henri Cartier Bresson
El vaho plomizo de la mañana

asoma

a los corazones agitados

que laten

en las veredas, los coches, los ómnibus,

las oficinas, los bares, las escuelas.

Todo se mueve.

Recién lo noto.

Todo se mueve y no se sabe

si es una inercia

si hay motores

si algo empuja

o qué.



Estoy adentro de esa rueda

y estoy afuera,

transitando esa maquinaria.

De la alegría,

de la tristeza.



Engranajes caminan

arrastrando el tiempo

en sus hendiduras.

Y aún me pregunto

qué los mueve.


Si la rotación de la Tierra,

si los astros,

si dios,

si la sola fuerza de estar vivo


o qué.