Mostrando entradas con la etiqueta autobombo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autobombo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de noviembre de 2011

AVISO: FIESTA Y PSICOFANGO VOLUMEN II




Este domingo 27 de noviembre presentamos la segunda edición de Psicofango!

En La Cuadrada, 9 de julio 2737, Mar del Plata, a las 21 hs, con un bono contribución de 5 pesos.

En una Fiesta Literaria con lecturas, música a cargo de Marcos Basso y Expo de fotografía callejera por Bárbara Gasalla

Los esperamos!





Edita Psicofango La Pequeña Editorial --> https://www.facebook.com/lapequeniaeditorial          .



domingo, 13 de noviembre de 2011

LUNES: Humo*


Apaga el cigarrillo en el momento en el que prende el siguiente. Pálido, no está comiendo bien y se nota en la cara y en los huesos que quieren asomar desmedidos. Tampoco duerme demasiado. Le gusta lo oscuro, pero esto se le está poniendo negro azabache. Ella se hizo humo justo cuando más la necesitaba, y últimamente había reparado en eso: la necesitaba.
A veces para no morirse, a veces para tener el mejor sexo que podía esperar en esos tiempos, a veces para leerla, para hablarle, otras para que le hiciera una pizza casera.
Lo cierto es que su falta no le hacía la más mínima gracia, y en el medio de eso, las otras faltas se magnificaban y entonces se comían todo, lo que había, lo que no había, lo que podría haber. Ahuecado de faltas, sólo restaba intoxicarse. Así se mentía un rato más, hasta que el agujero y la falta le crecían de nuevo y se iba todo al carajo.
Ahora se hunde en los libros y deja que las palabras lo atormenten, total no podría estar más atormentado de lo que está. Solamente ese oasis y el de escribir le dan un margen de aire. Que pronto sofoca con el próximo cigarrillo. Y el rostro de la mujer de humo otra vez.
Mientras el círculo recomienza a cada rato, hay otra que lo mira y él aún no la vio. La vio, pero no la vio. Salió de la nada, como las cosas que no importan, y no se sabe qué pero algo vio en él. Mientras apaga otro cigarrillo, ella mira curiosa sus gestos, sabe que su mirada lo ataca y no le importa quedar al descubierto. Porque ella sí que se las arregla con las faltas, algo hace, lo que sea pero algo hace. Y ahora lo que hace es mirarlo. Le dice ¿qué onda?  vestida de informalidad y bañada en deseo. Y él, no la ve.
Porque en su cabeza el hueco es enorme y el alma viene agitada y renegona de hace tiempo. Y ella insiste un poco, porque sabe lo que quiere y lo que quiere es a él, y además tiene que hacer algo con su propia falta. Y pide otra cerveza y lo mira servir, esas manos huesudas y blancas y ese descuido notorio en el aspecto que deja en evidencia el mal sueño y la bronca hacia adentro. Ella sospecha que una mujer se le fue, pero como a ella también se le fue un hombre, poco repara en el detalle.
Se encontraron dos faltantes. A unir las faltas a ver qué sale, y se ríe. Porque al humor no lo pierde. A él le parece tan rara esta mujer que sonríe tanto y mueve sus labios como si fueran oleajes y lo mira como si no le fuera a quedar otra mirada en la vida.
Lo incomoda y le gusta a la vez, pero aún no la vio. Y como él la deja pasar, le habla pero no la ve, y el humo se le cuela hasta por las orejas, ella se rinde.
Y él, que nunca la tuvo, la pierde.


* premiado en el Concurso Municipal de Literatura Osvaldo Soriano, Mar del Plata, 2011.

jueves, 10 de noviembre de 2011

AVISO: PSICOFANGO I en Bs As

Buenas! Ya se puede conseguir el libro PSICOFANGO I en Buenos Aires, en "La Libre", Bolívar 646, San Telmo.


Psicofango: https://www.facebook.com/Psicofango

Editado por La Pequeña Editorial https://www.facebook.com/lapequeniaeditorial

Para ver sobre "La Libre" www.lalibrearteylibros.wordpress.com 

Que lo disfruten!


domingo, 6 de noviembre de 2011

LUNES: El cosito*


Hace calor. Emilia camina despacio como si le estuvieran tirando de los pantalones para abajo, desde el fondo del fondo de la vereda. Casi que se arrastra. Transpira.
Son las dos de la tarde en Concepción del Uruguay, es diciembre, es sábado, no fue al balneario municipal ni al Pelay, nada de playa. Si apenas puede caminar con mediana coherencia por la placita Columna. Pasa frente al Sagrado Corazón, no se persigna, cruza la calle, se sienta en un banco.
Está vacía por suerte, un día como hoy a esta hora no hay ninguna madre o tío o niñera con los nenes en los juegos. Eso piensa, menos mal porque no quería ver a nadie.
Lleva la botellita de agua en la mano y tiene puestos los auriculares del celular, viene escuchando Los Ratones Paranoicos, "Yo quiero verla en el show...". Un tema viejísimo que conoció por Juan, su hermano mayor que ahora tiene como treinta, podría ser mi papá, piensa. Bah, si me hubiera tenido a los quince.
Porque Emilia tiene quince y se muere de calor con esos jeans, hay treinta y ocho grados a la sombra y de térmica cuarenta, no hay aire para respirar por ningún lado. Pero ni loca se pone shorts o pollera corta, nada, no soporta mostrar las piernas, no soporta sus piernas, no se soporta. Y no es que sea gorda, más bien lo contrario, no soporta su flacura pálida y poco femenina, sus huesos contundentes y su altura excedida. Ni su cara larga y blanca, sus ojos color miel y su boca finita de labios apretados que se abre con felicidad cuando larga la carcajada y se cierra con crueldad cuando prefiere callarse.         
Emilia anda contra sí misma, falta a la escuela demasiado seguido, se lleva varias materias a marzo y siempre le queda alguna previa.
El papá putea, la putea. Carlos es un tipo grande para ser su papá, tiene cincuenta y nueve y bastante que crió a Juan, ya no tiene ganas de remar la cosa con la nena. Al menos antes, de a dos, era más fácil.
Susana se murió hace dos años, cuando Emilia tenía trece. Se la llevó por delante un camión en la ruta catorce, a cien kilómetros de Concepción. Uno de esos camiones que van a Brasil por la ruta del Mercosur, esos Scania que corren y pasan y hacen finito y se burlan despiadadamente del límite de velocidad. Bueno, uno de esos. Le pasó por encima al Flecha que venía de Buenos Aires, le destruyó toda la parte izquierda, volcaron y Susana murió aplastada en el acto. Salió en Crónica.
Menos mal que no sufrió, se hartó de escuchar Emilia en el velorio y el entierro. Pero nunca contestó nada a los que se le acercaban repitiéndole eso, creyendo que lo que decían la iba a aliviar en algo. En realidad, a ellos los aliviaba tener algo para decir. Porque convengamos que es complicado decir algo que no sea una estupidez en un velorio de una mujer de cuarenta y siete años, con la nena de trece ahí, escuchando.
Así que a los ponchazos, entre Juan y Carlos, Emilia se fue asomando a la pubertad, el secundario, las salidas, el cuerpo, la cerveza, el amor/desamor, las broncas y la ausencia.
Toma otro traguito de agua y aprieta un cosito que tiene en la mano, se le está empapando de transpiración.
Termina el tema y empieza “Carolina… ya no hay tiempo para mí…”. La canciones de Juan, dice.
Suena el celular, el mensaje de texto le dice “flaca ahí llego”, es Fede.
En la billetera tiene una foto de Susana y ella cuando era bebé, y otra con Fede en La Salamanca, en el medio del parque, al lado del monumento a las manos, se ve el río desde donde la sacaron. Ella está subida a caballito y matándose de risa, él se hace el gracioso y salió bizco y bocón.
Él tiene dieciséis. Ella va al Colegio Nacional y él a la Técnica. Hace un año que salen.
Fede nunca estuvo enamorado hasta la Flaca. Ella sí, vivía enamorada, pero nunca había estado así, de novia.
Andan de la mano, van a la Plaza Ramírez, toman helados de la heladería Uruguay y no se pierden los recitales en El Arca.
La mamá de Fede cree que tiene que suplir a Susana, entonces se ocupa de ella y la quiere como a otra hija. Emilia se da cuenta y también la quiere. Y a veces la odia, porque ella está y su mamá no.
Emilia mira para todos lados, y Fede llega.
Le da un beso largo y la aprieta fuerte. Hace bocha que te estaba esperando. Y bueno es que mi vieja me pidió que vaya al almacén. Calzonudo.
Ella le da el cosito, apretado, mojado.
Él lo agarra temblando, no le alcanza la saliva para tragar, no le alcanza el aire para no ahogarse, no le alcanza la sangre para mantenerse más o menos vivo.
Ella mira al cosito, después a él, después de nuevo al cosito, y otra vez a él. Le da un poco de risa su cara de espanto, nunca lo vio así. Le da esa risa prohibida, como reírse en un velorio, como reírse cuando alguien se siente mal y pone una cara rara.
Pero se la aguanta, no da para reírse, piensa.
Fede está a punto de llorar.
No, no da.
Mira de nuevo al cosito, en la mano de él pálida y desorientada.
A pesar de la humedad, las dos rayitas no se le borran.



*a publicarse próximamente en el libro de cuentos "Humo", Primer Premio al Concurso Literario Municipal Osvaldo Soriano en la Categoría "Cuentos", 2011, Mar del Plata.

martes, 11 de octubre de 2011

Presentación de Psicofango I




El sábado 15 de octubre, a las 20 hs, presentamos el libro Psicofango I


en la librería Polo Norte (Constitución 5843, Mar del Plata)


con lecturas y música.


Leen:


Paula Fernandez Vega


Carolina Bugnone


Mariana Garrido


Gonzalo Viñao


Gastón Dominguez


Pablo Di Iorio


Alejo Salem




Tocan:


Leopoldo Pereyra (guitarra y voz)


Carolina Bugnone (flauta traversa)




A la gorra! (lo recaudado se utilizará para la próxima edición de Psicofango II)




Cortito y al pie!


Los esperamos!

lunes, 19 de septiembre de 2011

PSICOFANGO!

Para los que no fueron al evento Psicofango, pueden leer esta crónica impecable de aquel suceso acá! escrita por Un Tal Aón!